RESEÑA Fraction, de Shintaro Kago

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Los amantes de lo macabro, lo denso, lo espeso, lo retorcido están de enhorabuena porque desde hace algún tiempo se abre camino la proliferación de publicaciones dedicadas al género del ero-guro. Este género dentro del manga se define por la mezcla de representaciones explícitas de violencia imbuidas de cierta carga erótica caminando sobre las baldosas del surrealismo o la fantasía. Definir el género es necesario ya que hay que entender a qué nos enfrentamos cuando abrimos la primera página de cualquier tomo que se proclame o defina como ero-guro.

Muchos lectores no entienden que estas obras están hechas para sacar al lector de su zona de confort y doblar hasta romper los moldes convencionales del cómic. Son obras provocativas sin mayores pretensiones y por ello hay que sacudir esa relación producto del marketing que proclama que su último fin es provocar la arcada ni otra serie de malestares físicos tras contemplar enrevesados y retorcidos dibujos salidos de mentes enfermas.

Es difícil en nuestros días que la gente se impresione con golpes visuales y por ello el acercamiento a este tipo de cómics debe caminar entre la curiosidad y su valor artístico transgresor alejado de las formas más clásicas y llamar la atención del lector abofeteando su percepción de la realidad. La promesa de vómitos no so es más que un reclamo publicitario fácil y que distorsiona la realidad de un género que promete muchas horas de diversión a todos aquellos que entiendan su razón de ser.

Dentro de cualquier género siempre hay algunos que destacan y en este caso es Shintaro Kago, uno de los grandes, quien ha hecho de este espacio de densidad ilustrada un complejo universo lleno de matices y complejidad narrativa, y para ejemplo nada mejor que analizar su obra más personal hasta la fecha: Fraction.

Fraction (Barcelona, EDT, 2013) está compuesta de cuatro historias cortas y otra mucho más larga y densa que destaca por encima de todas y que compone el grueso del tomo publicado por EDT. Es la historia que da nombre al cómic, Fraction.

La historia titulada Fraction es una historia especial porque nos enseña varias cosas: en primer lugar es una obra multidisciplinar dado que mezcla los convencionalismos que se esperan del ero-guro con otro género más narrativo como es el misterio o el suspense. En segundo lugar demuestra que Shintaro Kago es un mangaka lo suficientemente versátil como para salir del género que le ha dado fama y poder dedicarse a narrar otro tipo de historias más alejadas. En tercer lugar es una obra conceptual que juega con el lector y trasciende el lenguaje propio del cómic en un intento de adoptar otras formas para contar una historia.

Fraction es una historia de un asesino en serie divida en capítulos. Los capítulos están protagonizados por dos personajes y es a través de sus puntos de vista los que narran la acción como si fuera una novela al estilo de El Despertar del Leviatan (Barcelona, Ediciones B, 2016) y cuyas historias confluyen de una manera particular según avanza la lectura. Dichos protagonistas son: Rebanador y Mangaka. «Rebanador» es el protagonista asesino y el «Mangaka» es el propio Shintaro Kago que se introduce dentro de la historia como narrador y absoluto controlador de todo lo que sucede.

La principal característica de esta historia es su forma de género de misterio. Kago ha querido intentar dotar de sentido narrativo a todo lo que ocurre a través de las viñetas con un género complejo en el que nada es lo que parece y en el que los personajes tienen mayor complejidad interior que en otras historias del mangaka japonés. La mezcla con otros géneros no es algo ajeno ya que también llevó a cabo un experimento similar en La Formidable Invasión Mongola (2017, ECC Ediciones), una especie de mezcla de novela histórica surrealista con los golpes visuales del ero-guro.

El personaje de Shintaro Kago recoge las inquietudes del propio ilustrador. Siente que para elaborar un auténtico cómic de misterio tiene que recurrir a trucos narrativos y visuales que van más allá del lenguaje propio de cómic. Kago nos enumera varios trucos y formas de narrar para distraer al lector con la intención de centrar la atención para que se mire a un lado con la intención de no saber lo que pasa al otro lado, como se explica muy bien en el “shuffle de Kansas City” contado por Bruce Willis en El Caso Slevin (2006, Paul McGuigan: la escena en cuestión se puede ver en YouTube).

El cine está presente en esta historia de Fractions ya que a lo largo de la historia se mencionan directores y películas para dar mayor fuerza al diálogo e invitan al lector a su revisión, si es que a uno le interesa saber en qué estaba pensando el ilustrador Kago mientras elaboraba este cómic. Incluso una parte del cómic se basa en buscar trucos típicos del cine, y por supuesto de las novelas, para inducir el misterio y el suspense dentro de la narración.

A la par que Shintaro Kago nos regala un cómic de misterio con tensión también nos desgrana el lenguaje narrativo de los ilustradores. Nos habla de la relación entre las palabras insertadas en el bocadillo y las imágenes ilustradas. Palabras y dibujos que intentan elevar el arte más allá de la lectura y el simple visualizado de las ilustraciones. Quieren ambas dotar de acción y animación al conjunto para implicar al lector en la obra y llevarle a un punto de confusión para que el golpe visual y narrativo tenga mayor efecto. Shintaro Kago habla de las limitaciones que tiene un mangaka a la hora de expresar sonidos y de dotar de movimiento a las viñetas y echa mano de todos sus recursos para intentar que esa limitación se convierta en una virtud artística que dota de mayor fuerza a su trama y a su arte como dibujante.

Para ampliar este concepto de relación entre dibujos y palabras lo idóneo sería poder consultar la magnífica obra, más bien manual de cabecera, Hacer Cómic de Scott McCloud (Bilbao, Astiberri Ediciones, 2012). En esta obra el capítulo tres (páginas 128-157 de la mencionada edición) se titula “El poder de las palabras. Integración fluida y el recurso de la desesperación” y describe maravillosamente bien el relación entre viñetas y guión y cuáles son los recursos de los ilustradores y los guionistas a la hora de dotar un sentido u otro a la narración ilustrada. Un recurso que recuerda en algún momento a una escena famosa en el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons (Barcelona, Norma Editorial, 2003) en la que Adrian Veidt cuenta a sus empleados su historia personal y la razón por la que eligió el nombre de Ozymandias.

El resto de la obra Fraction lo componen historias cortas al gusto del género, que nada tienen que ver con la historia más extensa y principal titulada igual que el cómic. Son historias rescatadas de publicaciones antiguas de Shintaro Kago y que reconducen al lector al más puro ero-guro de Kago, chirriando un tanto con la historia más narrativa y profunda Fraction. Así mismo también incluye el tomo de EDT con una conversación entre Shintaro Kago y el novelista de novelas de misterio y crímenes Ryuchi Kasumi muy recomendable ya que nos cuenta de su propia mano los entresijos de su proceso de creación y sus pretensiones.

El género ero-guro entró con fuerza en las librerías y las editoriales se han preocupado por echar mano de los mejores autores como Shintaro Kago y Suehiro Maruo (La sonrisa del vampiro. Barcelona. Panini Manga. 2017). Y es un género que puede tener un reflejo dentro de nuestro país en la figura de un autor poco mencionado y cuya obra más macabra se desarrolló en la década de los años noventa del siglo XX y principios del XXI. Estamos hablando del ilustrador Miguel Ángel Martín. Que el lector no se equivoque, no se está equiparando el género ero-guro a la obra de Miguel Ángel Martín, repetimos: no se está equiparando tal cosa. Pero sí se está reivindicando una figura que ha tratado el exceso con exquisitez y cuya labor hay que revisar aprovechando el auge de cómics de estilo ero-guro. Hay similitudes entre los estilos del español y de autores japoneses a la hora de afrontar el sexo y la violencia en conjunto, incluso tiene una vertiente humorística como también la tienen los cómics de Shintaro Kago.

Las obras de Miguel Ángel Martín como Snuff 2000 (La Factoría de ideas, 1998) o Psychopathia Sexualis (1990, revista Totem y recopilada por Ediciones Arrebato en 1992) sirven para adentrarnos en un mundo particular y grotesco que nos puede recordar a algunos de los autores más extremos del manga, y puede servir para satisfacer las ansias de todos aquellos que se siente atraídos por un estilo de cómic más transgresor y atrevido.

Sus historias analizan la cruda realidad y es la excusa perfecta para golpear al lector con los excesos ilustrados con pornografía y violencia. Golpes visuales y narraciones que hacen que no se esté nada cómodo pasando sus ojos por las páginas del cómic. Por todo ello se habla de Miguel Ángel Martín como un valor a tener en cuenta dentro de nuestras fronteras. Para los más curiosos decir que hay un cortometraje titulado Snuff 2000 (Borja Crespo. 2002. Disponible en Vimeo) basado en el cómic del mismo título que puede servir de ejemplo visual inmediato de lo que se viene contando sobre el autor español.

Sobre Juan Francisco Soler Márquez

1978. Madrid. Vivo. Trabajo cuando me dejan. Leo cómics y te los cuento. Sin antecedentes penales hasta la fecha. Aporreo guitarras. Apocalíptico sin integrar.

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