RESEÑA Historia de Una Geisha, de Kazuo Kamimura

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Historia de una Geisha (凍鶴) fue escrita por el mangaka Kazuo Kamimura a mediados de los setenta, y publicada en octubre de 2015 por ECC en nuestro país. Kamimura es también el autor de otras obras como El club del divorcio, o Lady Snowblood. Esta última fue escrita por Kazuo Koike e ilustrada por Kamimura, y posteriormente llevada al cine.

Lady Snowblood sirvió, según el propio Quentin Tarantino, como inspiración para la creación de la película Kill Bill. A pesar de su corta vida, lo cierto es que su obra es bastante extensa, a pesar de que la cantidad que se ha traído a Occidente es mínima y se reduce a esos tres títulos hasta la fecha. La obra está situada en un Japón posterior a la invasión japonesa de Manchuria en 1931. Estos años anteriores a la Segunda Guerra Mundial son característicos por la prosperidad de un Japón que continúa evolucionando en pos de la “modernización” (entendida como la asimilación de los sistemas occidentales).

Lo más destacado culturalmente de este periodo es la lucha constante entre tradición y progreso, entre Oriente y Occidente, en un mismo país, Japón. El motivo por el cuál es necesario conocer esto es porque existen dos maneras de leer esta obra: la primera de ellas es desde el conocimiento que Occidente tiene de Japón, y otro es desde su historia. Por supuesto es posible disfrutar la obra de cualquiera de las dos maneras, pero para poder sacarle el mayor partido a estas 350 páginas, es recomendable apartar los prejuicios que se tienen sobre la cultura de la geisha y leer desde un punto mucho más imparcial.

Uno de los primeros aspectos que pueden llevar a leer Historia de una geisha fue su similitud con la novela de Arthur Golden, Memorias de una geisha, llevada al cine por Steven Spielberg en 2005. La antítesis entre ambas obras es necesaria para entender el punto que he presentado anteriormente. Nos encontramos con una historia escrita por un japonés a mediados de los años setenta, y con una novela americana publicada en 1997. Si bien hay aspectos que difieren en la trama base, el concepto básico sigue siendo el mismo: una niña es vendida a una okiya (casa de las geishas), donde sus capacidades como geisha son puestas en tela de juicio por su comportamiento de niña, aunque finalmente demuestra ser una geisha excepcional. La principal diferencia entre ambas historias es cómo está contada.

Historia de una geisha es una historia en tercera persona, mientras que Memorias de una geisha esta contada a modo de confesiones de la protagonista. Sin embargo, a pesar del carácter íntimo con el que la novela de Golden pretende estar contada, en el trabajo de Kamimura nos encontramos con el refinamiento de las geishas a todos los niveles. Es decir, que la figura de la geisha se deja ver, mientras que, en Memorias de una Geisha, nos es mostrada. Cómo esto influye a la historia es bastante significativo porque incluso el modo en el que está contada nos enseña algo.

El lirismo, la sofisticación, la complejidad de las geishas se hace evidente en cada página, y nos aparta de la visión de “prostitutas de lujo” que se tiene en Occidente cuando se piensa en las geishas. El término geisha significa “que hace arte” (芸者), y originalmente surgieron para entretener a los hombres (en el periodo Edo, entre los siglos XVII-XIX), pues el matrimonio de la clase samurái (guerrera) era concertado y rara vez existía una verdadera conexión en la pareja. La geisha era conocedora de artes como el kabuki (forma de teatro japonés) o el shamisen (instrumento de cuerda). Además, la mujer samurái era encargada de las tareas del hogar y la enseñanza de los hijos, por lo que las artes le eran privadas. De ahí que la figura de la geisha fuera tan popular. De hecho, en la historia de la literatura japonesa, los mayores romances eran extramatrimoniales, entre la geisha y su señor, su danna.

Lo que esto viene a decir es que, contrario a lo que pudiera pensarse, las geishas sentían amor por su amante, al que debían de ser fieles. Si ese concepto de amor es igual al que tenemos en el Occidente del siglo XXI es el lector quien debe decidirlo, pero lo cierto es que en la obra se muestra apasionado y complejo, muy lejos del de una prostituta con su cliente. Además, es necesario tener en cuenta que después de las catástrofes de la Segunda Guerra Mundial, el concepto de geisha se vio afectado, y es mucho más similar al que conocimos hoy, puesto que los acuerdos con Estados Unidos obligaron a prohibir la prostitución y esto llevó a que las antiguas prostitutas buscaran en la figura de la geisha una tapadera para seguir ejerciendo sus labores.

La protagonista de Historia de una geisha es Tsuru (en japonés, grulla, 鶴), cuya evolución y transformación podemos ver a lo largo de la obra. Lo más llamativo de que se nos presente a Tsuru desde que es una niña, es el contraste entre la disciplina estricta de las shikomikko (postulante a aprendiz de geisha), y la inocencia de la infancia. Desde temprana edad esta le es arrebatada por su entorno, pues ella misma se encarga de llevar mudas limpias a las “hermanas mayores” de la okiya (a las geishas se les asigna una aprendiz para facilitar su trabajo) cuando estas pasan la noche fuera de su hogar. Sin embargo, Tsuru aparece como una niña testaruda, reticente a crecer, con la costumbre de pararse sobre un solo pie (lo que le da su nombre) aunque muy consciente de que en el futuro tendrá que convertirse en una de ellas.

Esto lleva a que la gente de su alrededor subestime sus capacidades como geisha, sorprendiéndolos al final. Es también interesante ver como la pequeña ha asumido su futuro desde tan temprana edad, fantaseando con él y aprovechando los desafíos que le son impuestos para tomar lecciones. El autor hace hincapié en este aspecto pues al final de cada capítulo invita a reflexionar sobre lo que ha ocurrido. También se realizan algunas menciones a la cultura popular, como la aparición de canciones reales o la historia del perro Hachiko, lo que capta al lector y lo acerca a la obra.

La obra está estructurada en dos bloques, el primero siendo la historia de Tsuru cuando es niña, y el segundo su evolución a Otsuru, una vez se ha convertido ya en geisha. La terminología que se utiliza es también interesante, porque la grulla que representa a Tsuru es un pájaro torpe, y lo que representa Otsuru es la majestuosidad de la grulla, un ave muy característica de la cultura japonesa. Si bien el salto que se da entre ambos bloques es un poco brusco y deja un poco descolgado al lector, quizá sea justo ese contraste lo que Kamimura pretende mostrar. Esto en realidad son dos visiones del mundo de la geisha, tercera y primera persona: al principio, la protagonista observa a las geishas y se prepara para ser como ellas; en la segunda parte, ella es la geisha que todos observan. Además, el mundo en el que ambas se desarrollan es muy diferente: prosperidad en la primera, incertidumbre por la Segunda Guerra Mundial en la segunda.

En definitiva, Historia de una geisha es una obra que permite al lector aprender, a través de los ojos de una niña, el camino que ha de recorrer hasta convertirse en mujer. Por eso, es necesario leerla con la mente abierta y olvidándose de los prejuicios que han sido creados en Occidente a partir de las historias de aquellos que en tiempos pasados tuvieron la oportunidad de conocer una pequeña parte de lo que es Japón y han ido contando de boca en boca hasta que crear estos clichés tan fuertes que rodean la cultura nipona.

Sobre Cristina Carrera

(Casi) niponóloga y proyecto de editora.

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