RESEÑA Hulka, de Dan Slott

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La etapa de Dan Slott al frente de la cabecera de la abogada verde es una de las colecciones del Marvel de los 00’s que los fans recuerdan con más cariño. Unos cómics divertidísimos que ahora Panini vuelve a recopilar en bonitos y cómodos tomos de lomo curvo.

Después de un primer volumen que pasó sin pena ni gloria, el por entonces todopoderoso John Byrne decidió tomar las riendas de Hulka. El resultado es hoy bien conocido por todo aquel que tenga un mínimo conocimiento del universo Marvel: una de las etapas más locas, divertidas y transgresoras que ha dado el cómic de superhéroes.

Valiéndose del legado del maestro Byrne, Dan Slott comenzó su andadura con Jennifer Walters en el año 2004, con esta etapa que bebe mucho del material original, pero que también tiene identidad propia, y una gran cantidad de ideas y personajes novedosos y de gran acierto.

A raíz del accidente que Hulka sufrió en la novela gráfica que John Byrne firmó años antes de comenzar su andadura como responsable del personaje, a la mujer verde de dos metros de altura le resultaba imposible volver a su cuerpo original, el de la abogada Jen Walters. Pero después de los hechos acaecidos en la Zona Roja de Geoff Johns, y de nuevas revelaciones, Slott volvió a permitir que Walters y Shulkie intercambiaran cuerpo a placer. Algo que en la temporada que recopila este tomo le vendrá muy bien a ambas, ya que un prestigioso bufete especializado en derecho sobrehumano contratará los servicios como letrada de Jennifer Walters en exclusiva.

Este es el punto de partida de la etapa. A partir de aquí comenzarán a sucederse casos centrados en famosos héroes y villanos Marvel, como si de una serie de abogados de la tele se tratase: veremos cosas tan locas y divertidas como una demanda a Hércules, a Spiderman demandando a J.J. Jameson por tantos años de difamaciones, o a Ben Grimm, La Cosa, testificar en un juzgado.

Es un comienzo de colección que en cuanto a ideas y diversión poco tiene que envidiar al clásico de los 90. Dan Slott es un autor que sabe jugar muy bien con el humor y la ligereza (sin que en este caso el término resulte peyorativo). Sabe enganchar al lector desde el primer momento con sus aventuras (ya sean cósmicas o de carácter legal). Y sabe acompañar a su carismática estrella con toda una galería de entrañables y graciosos secundarios que enseguida van a caer en gracia al lector.

El resultado es este cómic de aventuras. De humor. Del inteligente. Del que no toma por tonto a nadie.

El dibujo de este volumen se lo reparten a partes iguales Paul Pelletier y el argentino Juan Bobillo. Mientras que Pelletier ofrece un trabajo más clásico y robusto, el estilo de Bobillo es más poco convencional, y tarda más en entrar al lector. Una rara avis dentro del género. Son dos artistas correctos y cumplidores que se complementan bien entre sí, pero tampoco suponen nada especialmente memorable.

Lo que sí es memorable y merece especial mención, son las impresionantes portadas a cargo de Mike Mayhew, llenas de realismo y espectacularidad. Merecen como mínimo que nos paremos un minuto a contemplarlas.

Sobre Sergio Hache

(Madrid, 1993) mis aficiones (el cine y el cómic) me traen por la calle de la amargura. Cuando tengo tiempo estudio para ser actor en la escuela Metrópolis y publico en @movics_review, la peor cuenta sobre frikadas que podéis encontrar en Instagram. También soy mucho de merendar fuerte.

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