RESEÑA La marcha zombi, de Max Brooks y Ráulo Cáceres

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En el ingente esfuerzo por dar una vuelta de tuerca a los géneros encontramos que se acaban haciendo cosas que, a priori, pueden parecer un tanto extrañas y difusas. Arriesgar para crear con la esperanza de poder gustar entraña una serie de riesgos que pueden llevar al desastre. Bien es cierto que corren tiempos en los que cada vez es más difícil sorprender al personal y por eso hay que arriesgar cada vez más y los creadores ya no tienen límites a la hora de lanzar sus ideas al mundo.

Esto hace que los géneros se diluyan con mayor facilidad, haciendo que se diluyan los límites que los definían.

Los puritanos de los géneros pueden tener ciertas reticencias a esto de las vueltas de tuerca porque, al final, se quiera o no, se puede acabar por distorsionar demasiado lo que se pretende revisar. Tampoco es que haya que ser más papista que el Papa y no ver más allá porque lo bonito del paso del tiempo es la evolución en esto del entretenimiento y el enriquecimiento de las artes a través de las fusiones artísticas.

Por eso hay que alejarse de los dogmáticos que no son capaces de probar otra cosa que aquello que según ellos ellos es la perfección. Evidentemente, la perfección es abrumadora, pero siempre es limitada. Un ejemplo muy de moda: la paella es perfecta, pero el «arroz con cosas» tiene mucho que decir y puede acabar gustando más a algunos entusiastas que propio plato original.

El problema en la búsqueda de la creatividad y la originalidad es, como se ha dicho, que las apuestas son cada vez más altas y, por ende, los batacazos más sonados; y el mundo de los cómics no es ajeno a ello.

En las mentes de los creadores de cómics, o incluso de los editores, ocurren cosas maravillosas. Raras, pero maravillosas. Y a veces uno se despierta en mitad de la noche con lo que cree que es una genialidad de proporciones bíblicas y rápidamente se echa mano del ordenador para escribir un guión maravilloso.

Tal vez estas visiones han traído algunas cosas buenas, pero no siempre son bien entendidas por un público ávido de nuevas sensaciones.

No hay una receta mágica para elaborar un éxito o un cómic perfecto. Esto es alquimia, no física aplicada: un poquito de esto, un poquito de aquello, agitar bien; calentar a fuego lento y reposar, sin olvidar cruzar los dedos y sacrificar un gato en plenilunio con la esperanza de que funcione la receta.

Muchas veces esas ideas tienen que ser defendidas a muerte por sus creadores porque en un principio pueden sonar un poco fuera de lugar. Es el ímpetu del creador, junto con innatas habilidades de comercial vendedor de humo, lo que consigue que algún proyecto salga adelante por muy descabellado que parezca. Y para eso los años ochenta y los años noventa del siglo pasado fueron un estupendo caldo de cultivo para todo tipo de ideas geniales y mezclas raras con el único ánimo de entretener a las peligrosas masas pensantes, siempre llenas de ideas sediciosas y conspiranoicas contra los poderes establecidos.

Esto es un intento de ejemplificar de qué estamos hablando para crear una idea básica de lo que estamos hablando. Más allá de los crossovers hay un mundo fantástico de mezclas de los más insospechadas. Pasen y vean:

Unos señores tuvieron a bien mezclar vaqueros con aliens en Cowboys and Aliens (2006. Scott Mitchell Rosenberg, con Fred Van Lente y Andrew Foley. Platinum Studios. En España fue editada en 2011 por la editorial DeBolsillo, así que casi mejor leer la versión original ya que no se les puede perdonar su pésima edición en Dune o su poco cordura en muchas novelas de Terry Pratchett), que luego tuvo su versión cinematográfica en la película Cowboys and Aliens (2011. Jon Favreau). Tanto cómic como película resultaron ser de buena aceptación por parte del gran público.

Otra mezcla curiosa fue Cadillacs y Dinosaurios (Xenozoic Tales, 1987. Kitchen Sink Press) de Mark Schultz, publicado en España en la revista Zona 84. Lo que en un momento parecía una idea bastante peregrina se convirtió en un éxito que hasta tuvo su versión en dibujos animados emitida por la CBS.

Algunos no perdonaron la buena idea que fue meter en un mismo tebeo a dos de las criaturas más potentes que desfilaban por las pantallas de cine durante los años ochenta, y que dio como resultado Alien vs Predator (Dark Horse Comics), consiguiendo no pocos entusiastas de la saga que llegó a tener su versión cinematográfica (2004. Paul W.S. Anderson), y secuela, y videojuego… Por cierto, qué, graciosa fue la promoción televisiva de una cadena de televisión para la película en su día. Son dos vídeos. Disfrutad:

Pero claro, todo en exceso puede resultar indigesto y en esto de agitar la coctelera y ofrecer algo al personal hay claros ejemplos de que no todo es perfecto en el País de las Maravillas. Para muestra de idea salida de los cojones toreros (perdón por la expresión. Es burda pero su intensidad y densidad ejemplifican bien) de un editor desesperado, o con un ataque de locura transitoria de algún creador es el cómic de Superman and Batman vs Aliens and Predators (2007. Mark Schultz y Ariel Olivetti. DC Comics). Eso sí es arroz con cosas, pero del que se hace para muy abiertos de mente. Y ya puestos vamos a mencionar Superman and Batman vs Vampires and Werewolves (Kevin Van Hook y Tim Mandrake. 2009. Dc Comics), ahí es nada, que no aportaban más que un intento de colocar a súperheroes en ambientes para los que claramente no estaban hechos.

Y en esto de sacar los colores a la industria siempre hay genios que saben condensar en un pequeño resumen tanta vergüenza ajena que casi da miedo. Por eso aquí va un enlace perfecto para ilustrar hasta dónde pueden llegar los editores con tal de rizar el rizo —un adelanto, y por una vez voy a usar la primera persona para escribir: estaría encantado de leerme Spider-Man vs Powdered Toast-Man in the Ren &Stimpy show (1993 Marvel Comics)—

Hoy en día el comodín para todo parecen ser los zombis. Están de moda, o por lo menos lo estaban hasta hace poco ,y no es de extrañar cierto cansancio porque, a decir verdad, los hemos tenido por todos lados. Llevamos años viendo que, de una manera u otra, los zombies están presentes en nuestro entretenimiento. Y no hay nada de malo, pero claro, llega un momento en el que la gente dice basta porque, si uno peina canas y se para a pensar, la Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero es de 1968 y el primer videojuego de Resident Evil es de 1996; y a partir de ahí el primer número del cómic The Walking Dead es de 2003 y Max Brooks publicó su Guerra Mundial Z en 2006. Son muchos años dando la turra al personal como para que no pese en el ánimo general y ya se empiecen a hacer bola.

Tras años moviendo el género es difícil mantener el listón alto o por lo menos haciendo que sea lo suficientemente atractivo para que la gente se rasque el bolsillo y compre su nueva dosis.

Las editoriales no se han salvado y han paseado a sus personajes entre cadáveres putrefactos andantes en mitad de un apocalipsis.

Marvel, previo pago, echó mano del un hombre que ya sabía de que iba el tema, Robert Kirkman que, junto con Mark Millar, sacó adelante el proyecto de Marvel Zombies: hambre insaciable (2007. Panini Comics).

Por su lado DC publicó obras como Batman vs the Undead (2011. Kevin Van Hook y Tom Mandrake —les va la marcha porque a lo mejor no quedaron contentos con su Superman and Batman—. Dc Comics), con el hombre murciélago luchando contra un ejército de resucitados. El fenómeno zombi es tan gigantesco como para que las grandes editoriales fueran a dar de lado a una posible gallina de los huevos de oro.

Otro ejemplo de publicación zombificada es Star Trek: infestation (Scott y David Tipton. 2011. IDW publishing). Su editorial, especializada en cómic adaptado de la televisión, tuvo a bien situar una plaga dentro del universo del Sr. Spok como una más de las desgracias continuas que ocurren dentro de la nave Enterprise.

La Marcha Zombie es un cómic que va en la línea de todo lo anterior. Basado en el relato The Extintion Parade del propio Max Brooks —muy a lo Clive Barker adaptándose a sí mismo—, nos metemos de lleno en plena crisis apocalíptica pero desde el punto de vista de los vampiros. Estas criaturas de la noche llevan siglos ocultos entre la población y se ven envueltos en el desastre. En un principio ajenos al problemas se comportan de manera infantil y obvian que pronto van a tener un problema importante con el que lidiar: la falta de comida.

En cuanto al desarrollo de la historia decir que es algo irregular, tal vez por la falta de experiencia del propio Max Brooks en ese momento. El cómic como medio es limitado y debe saber tener un ritmo propio y coherente. No es buena idea dedicar una gran cantidad de hojas a un aspecto muy concreto de la trama, que casi resulta poco relevante, y dejar que el resto de los acontecimientos vayan llegando como si fueran una lluvia torrencial de verano. El pecado es difícil de superar porque es su propia obra de la que hablamos, no ha pasado por manos de terceros y las ideas deberían ser más claras, más directas y dejar que los detalles embellezcan. Pero hacerlo al revés resulta insustancial, por muy buenas intenciones que se tengan.

El dibujo es sensacional, con un gran Raúlo Cáceres, porque nadie mejor que él para dibujar vampiras. Recordado es su Elisabeth Bathory (1998. Editorial Megamultimedia. Wet comix. Recopilado en 2007 por la editorial Berenice. Por cierto que del mismo personaje hay una obra llamada Elisabeth Bathory: la condesa sangrienta de Pascal Croci y Françoise-Sylvie Pauly publicada por Norma Editorial en 2010). No es el Raúlo de obras anteriores más eróticas y libres, o el de Crossed sin límites en la violencia de sus instrumentos de trabajo; pero a la vista está que es una obra a tener en cuenta dentro de su carrera.

En una entrevista el propio Raúlo Cáceres nos dice que para él el círculo se cierra ya que, en Elisabeth Bathory, dibujaba a una vampiresa de origen malayo y la ambientación del cómic de Max Brooks es en Malasia.

Una historia que parte como una gran idea, respaldada por un relato original muy recomendable, de un autor especializado en el tema; con un ilustrador potente y con ganas de hacerlo bien. Todo encajaba en La Marcha Zombie, pero el resultado es mejorable. La Guía de supervivencia Zombie (2008. Editorial Debolsillo) y Guerra Mundial Z son dos obras muy pensadas con aire serio y por ello se espera un trabajo mejor en este cómic. El resultado es profesional y recomendable su lectura, sobre todo para disfrutar del arte de Raúlo Cáceres, pero al final la sensación es incompleta; y eso duele.

Sobre Juan Francisco Soler Márquez

1978. Madrid. Vivo. Trabajo cuando me dejan. Leo cómics y te los cuento. Sin antecedentes penales hasta la fecha. Aporreo guitarras. Apocalíptico sin integrar.

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