RESEÑA Estamos todas bien, de Ana Penyas

ESTAMOS TODAS BIEN

Una de las grandes sorpresas que nos dejó 2017 fue la obra Estamos todas bien, publicado por la editorial Salamandra Graphic. Se trata de un homenaje en formato cómic apaisado que la ilustradora Ana Penyas le hace a Maruja y Herminia, sus dos abuelas.

El origen de esta obra es cuanto menos curioso. Un día, mientras Ana cursaba la carrera de Bellas Artes en Valencia, un profesor le mandó hacer un trabajo que consistía en contar una experiencia personal mediante viñetas y en cuatro páginas. Hacía poco que había vuelto de visitar a su abuela Maruja en Alcorcón, a quien vio triste y con achaques propios de la edad. Entonces vio la ocasión perfecta para narrar cómo es un día cualquiera en la vida de su abuela.

Esta historia evolucionó hasta que lo presentó al X Premio de Novela Gráfica Fnac Salamandra Graphic, que ganó gracias a “la capacidad gráfica como la pertinencia de abordar el tema de la vejez femenina y la importancia de la mujer en la intrahistoria de España.”, según declaró el jurado del premio.

El argumento profundiza en la vida de dos de tantas mujeres que han levantado y mantenido a sus familias a lo largo y ancho de España, desde la postguerra hasta nuestros días. Lo hace desde un punto de vista muy personal (no en vano son las abuelas de Ana) pero manteniendo una mirada feminista de lo que fue la postguerra y la crudeza del olvido generacional actual.

Al final, ese trabajo de la facultad llevó a Ana Penyas a tirar de grabadora (al más puro estilo Art Spiegelman) para bucear e investigar algunos acontecimientos “delicados” de su familia que cristalizó en su primera obra como guionista e ilustradora. Hasta esta novela gráfica su trayectoria profesional pasaba por haber realizado el apartado gráfico de obras como En transición o Mexique, el nombre del barco, en las que ya apuntaba muy buenas maneras como ilustradora.

En Estamos todas bien, Ana emplea una retahíla de recursos ilustrativos encomiables, dibuja sobre fotografía, emplea texturas, se apoya en collages y por supuesto ilustra como nadie la cotidianidad de unas mujeres de pasado brillante con presente apagado.

Esta decadencia queda patente con los colores. Aunque emplea varios tonos, los cálidos predominan. Al principio son más fuertes y según avanza la narración van apagándose y yéndose a grises. Por otro lado el lápiz es muy desenfadado, muy “de fanzine” y sumado a la elaboración posterior de fotografías y demás recursos comentados, nos deja apartado visual muy trabajado que pone de manifiesto que no estuvo sometida a las típicas presiones de entrega. Algo que es muy de agradecer.

El olvido, la vejez, la soledad o el silencio son temas que, cuando uno acaba de leer este cómic, nos empujan a reflexionar sobre nuestros mayores, si les prestamos la suficiente atención, si les escuchamos, si les queremos o les hemos querido, o si hemos sido justos con ellos.

Sobre Rubén Galgo

Creativo especializado en branding. Friki. Amante del cómic europeo. Fundador de Golem Cómics y colaborador en el podcast Multiverso Sonoro.

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